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domingo, 26 de febrero de 2012

Mejor callar, Mejor Morderse la Lengua


"Habría que saber qué se entiende hoy por intelectuales..."
Jose Manuel Blecua (director de la RAE)

"Vivimos en una selva con infinidad de voces, y lo que abunda es el 'microintelectual', persona que escribe artículos o libros y hace lo que puede en favor de tal o cual causa, generalmente poco".
Bernardo Atxaga (escritor)

"Los intelectuales han cometido errores notables. Admiro a Foucault, pero creo que se equivocó al apoyar el retorno de Jomeini a Irán... Sólo me manifesté públicamente contra el bombardeo estadounidense de Camboya y el resultado de aquello fue el cese de los bombardeos y el comienzo del regimen sangriento de Pol Pot"
Cees Nooteboom (escritor)

"Hay algo que diferencia mi situación del que hace muebles y es que como ciudadano siento cierta responsabilidad para hablar de las formas de injusticia que son importantes para mí. No creo que los norteamericanos busquen consejos políticos en los escritores".
Jonathan Franzen (escritor)

"Los intelectuales de hoy son los periodistas que escriben artículos de opinión, participan en tertulias y en debates. Siguen contribuyendo, como siempre, a formar opinión, pero a través de los medios de comunicación, y por lo tanto, subordinados a las exigencias de cada medio".
Victoria Camps (filósofa)

"No es fácil ofrecer una receta, aunque por lo menos debemos ser capaces de reconocer cuáles shan sido las causas que nos han llevado hasta aquí, en especial el triunfo del modelo neoliberal con el consecuente predominio del individualismo a ultranza..."
Jorge Volpi (escritor)

"No hay medio ni reparación mientras la pregunta se formule en forma abstracta, sin tomar en cuenta a la gente y su sufrimiento, no hay salida si no volvemos a colocar la ética en el centro de nuestra búsqueda".
Ariel Dorfman (escritor)

"Muchos han entendido esto (la igualdad de derechos) en el sentido de que cualquier argumento es defensible sin más, por el mero hecho de tener el derecho de expresarla. Y esto, en mi opinión, no es así: todos tenemos el derecho de expresar opiniones y sustentar valores, pero sin argumentarlos cuidadosamente, no todos esos valores son equiparables".
José Manuel Sánchez Ron (historiador de la ciencia)

"La única solución es que la ciencia vuelva a aliarse con las artes y las letras, convirtiendo el conocimiento en un bien público"
Santiago Auserón (músico)


Sin pensamiento crítico
Babelia 25.02.12


martes, 31 de enero de 2012

Libertad - Jonathan Franzen


"- Todo gira en torno al problema de las libertades personales - explicó Walter -. La gente vino a este país por dinero o por la libertad. Si no tienes dinero, te aferras aún más furiosamente a tus libertades. Aunque fumar te mate, aunque no puedas dar de comer a tus hijos, aunque a tus hijos los mate a tiros un loco con un fusil de asalto. Puedes ser pobre, pero lo único que nadie te puede quitar es la libertad de joderte la vida como te dé la gana. Esa es la conclusión a la que llegó Bill Clinton: que no podemos ganar elecciones actuando contra las libertades personales. Y menos contra las armas, si a eso vamos."

667 páginas que son una profunda incisión en un dedo. Hasta el hueso abriremos, hasta astillarlo. Hurgar en la herida americana, parece que este es el propósito intelectual, ésa es la tarea encomendada, una reflexión, otra más en el caso que nos ocupa. Familias bienestantes, modelo americano de origen escandinavo y judío, luchadores deprimidos, bebedores, infieles, republicanos o demócratas de salón, activistas ecológicos amantes de los pájaros. Amas de casa, fieles mujeres, madres abnegadas en la postal de una casa hecha con sus propias manos. Hijos que son un reflejo de los padres, del mundo que les rodea, como esas torres que se desploman, como el fin de un imperio que se alarga demasiado, como el desafortunado desenlace de una de nuestras series favoritas. Roqueros sin manías, amor con o sin sexo, sexo con o sin amor, ciclos creativos y autodestructivos, traiciones sin remordimientos, auto-lavado de conciencia.
De esta manera los personajes dan yesca al sacacorchos de la vida. Hasta descorchar la botella, beber de ella, un largo trago que apague nuestros incendios o los reviva hasta reducirnos a cenizas. El aroma de una guerra injusta es lo huelen de la mañana a la noche, como un cadáver corrupto con el que han aprendido a convivir. Como todos esos cuerpos saltando de las torres, el drama favorito del que no quieren escapar para no perder su porción de depresión homologada.
Y mientras tanto, la libertad, tan real como indigesta.
Después del primer bocado, es imposible dejarlo. Aunque te arda el estómago, es tu veneno.
Y que nadie diga lo contrario.



Video entrevista de El País