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domingo, 18 de diciembre de 2011

Billar a las nueve y media - Heinrich Böll



Pasaron dos guerras, una tras otra, y sobrevivieron. Una remachando el clavo de la otra. La primera, tratando el asunto del imperio, la segunda, buscando imponerse al mundo entero.
¿Qué país, nación, comunidad, tribu, podía resistir eso?
No sé a cuenta de qué resistieron: si ellos mismos se bastaron con solo levantarse temprano por las mañanas, si fue producto de la mezcla de condiciones que se produce en el corazón de los continentes. Si fue por el frío y las condiciones extremas que les fortalecen. Por el brillo de los cascos y la extrema pulcritud en los uniformes. Por su complexión, a base de patata y acero en vena. Por ese permanente estado de crispación que revela la lengua, que les tiene siempre al borde del grito y el aspaviento.
La cuestión es que se repusieron. Para volver a liderar la marcha. Marcar las directrices que, se supone, volverán a levantar a Europa -el heartland- por encima de las cabezas del mundo.
Reconstruir como opción prioritaria. Pero también la destrucción como necesidad. La higiénica renovación.
Como los tres protagonistas de la novela. Abuelo, padre y nieto, destinados a la construcción y a la demolición de una iglesia. Un siglo de andamios, hormigón y contrafuertes a cargo.
Quizás sea eso, montar y desmontar de una manera cíclica.
Quizás sea eso, saber en qué aspa vas montado. Si subes o bajas.

"Hay que tirar los sables y pisotearlos como todos los privilegios, hijo mío; sólo sirven para eso, modos de sobornar. Llena está su diestra de dones. Come lo que coma todo el mundo, lee lo que lea todo el mundo; vístete igual que los demás y entonces te acercarás a la verdad; nobleza obliga, te obliga a comer serrín cuando todos los demás lo comen, te obliga a leer la basura patriótica en los periódicos locales y no en las revistas de gente culta: Dehmel y todo eso; no, Robert, no lo aceptes, ni el foie-gras de Gretz, ni la mantequilla del abad, ni la miel ni las monedas de oro, ni el civet de liebre ¿para qué, para qué, para qué, si no lo tienen los demás?"

pagina 151.