martes, 1 de mayo de 2012

U de Maig

"En un nuevo mundo de ocio ilimitado, cada individuo podría construirse una vida, al igual que en el viejo mundo unos pocos artistas habían construido sus representaciones de lo que podía ser la vida. Se trataba de un sueño real, el sueño del joven Karl Marx -¡que cada hombre sea su propio artista!-, pero aquellos que poseían el presente veían el futuro con mucha más claridad que cualquiera de las sectas saturadas de izquierdismo que reclamaba el legado de Marx. Aquellos que regían el mundo estaban reorganizando la vida social no sólo para conservar su control sobre él, sino para intensificarlo; las técnicas modernas eran una espada de dos filos, un medio para dominar el campo libre de la abundancia y el ocio que los revolucionarios habían imaginado durante quinientos años. Así, el aburrimiento. La miseria condujo al resentimiento, que tarde o temprano encontraría su objetivo legítimo: la clase dirigente. El aburrimiento era una nebulosa, una confusión, de perfeccionada alienación: una mala conciencia.
      En la sociedad moderna, el ocio (¿qué quiero hacer hoy?) era reemplazado por el entretenimiento (¿qué quiero ver hoy?). El hecho potencial de todas las posibles libertades era reemplazado por una ficción de falsa libertad: tengo suficiente tiempo y dinero para ver cualquier cosa que haya que ver, para ver cualquier cosa que hagan los demás. Puesto que esa libertad era falsa, resultaba insatisfactoria, aburrida
".

Greil Marcus - Rastros de Carmín



 

  


2 comentarios:

Francesc Bon dijo...

Molt interessant texte sobre utopies que no ho deurien ser tant.

Márquez de la Nogal dijo...

Merci pel comentari, Francesc
Més que utopia, és una reflexió sobre un moment del passat.