miércoles, 25 de abril de 2012

Al mal tiempo, buena cara

Orange Juice - You can't hide your love forever (1982)
 Verde y azul y naranja. Una rutilante combinación de colores ahí donde el norte pierde el nombre y se convierte en un estado de gracia. Un milagro de la supervivencia. La hierba quemada por los meses de hielo y escarcha, la piedra batida por el aire cortante de enero, el sol convertido en una especie de gasa, en una cabeza pensante con un exceso de resaca. Bajo la postal (o, bien, en su interior) pululan almas cinceladas por ese desvarío, en esa falta de amor entre entorno y civilización, esa falta de cariño y calor cuando despiertan y desde el cielo comentan que no abrirán y ni el sol dará los buenos días que acostumbra a dar por el trópico. Para ello, se buscan soluciones de todo tipo. Camisas tropicales, aunque el frío lo desaconseje, pantalón corto a prueba de sabañones y patinazos, sandalia y falda, alcohol en sangre y esas cosas. Desde tiempo inmemorial, esa tribu del norte ha podido con todo, incluso antes de inventarse los vuelos charters con destino a Málaga y Marbella y Lloret. Si el sol no venia a ellos, ellos con sus brazos peludos lo alzaban al cielo como el último telón de sus vidas. Se reunían unos cuantos, rugían, se daban unos cuantos guantazos, incluso se golpeaban con un tronco, etc... para ponerse en marcha y quitarse de encima las penas y la inclemencia. Hasta que comenzaron a salir poetas. Claro. A base de cerrar los ojos, de frotarse para sacudirse el frio, de desearse los buenos días sin apenas vocalizar, era inevitable que tarde o temprano se dieran brotes verdes. Una pradera de poetas para nuestros pies: delgados, pálidos y pecosos, de rugiente pelo rojo, optimistas en la fría noche, risueños siempre a pesar del fish and chips y del té aguado. Enseguida corrió en el boca a boca aquello tan manido (pero no menos cierto) de qué cuanto más duras las condiciones, mejor el resultado. Tras un invierno de los duros, la primavera daba un par de aquellos rapsodas que ahora todos conocemos gracias a la cultura pop, a los sellos, los periódicos y el Torneo de las Cinco Naciones. Ahí, a lo lejos, se les distinguía cuando comenzaban a correr loma abajo, viniendo a nuestro encuentro, chillando de la alegría por haberse sacado de encima cinco meses de noche cerrada. De la sucia Glasgow a la amorosa Edimburgo. Entre troncos, hachas, gaitas y ovejas, unos optaron por los delfines. Enfrascados en practicar soul, pretendían que bailásemos, poniendo toda su sangre escocesa en el empeño. Ellos y  sus delfines.
 





Orange Juice - Felicity

2 comentarios:

Francesc Bon dijo...

Ostres: rebuscava per tot arreu si això no era un codi per parlar del Barça. O del Edwyn Collins i l'esperit de superació.
En tot cas, abans que el Sergio Ramos posés una pilota en òrbita. Je je.

Márquez de la Nogal dijo...

Bones
És una declaració d'amor a un disc...
El que passi Ebre enllà me la bufa.
Més tot el que tingui a veure amb el paio aquest del Mouriño

Mercès pel comentari.
Ens llegim